Biblioteca Popular Pocho Lepratti
Sábado, 17 Abril, 2010
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Página/12

las12
Viernes, 9 de abril de 2010

ARDE MEMORIA

Tenía 51 años, era viuda, tenía dos hijos. Su voz, su memoria, su coraje fueron fundamentales en el largo camino que todavía recorre la Justicia para alcanzar a los responsables del genocidio perpetrado durante la última dictadura militar en Argentina. En su cuerpo llevaba las marcas de la tortura, la violación y un aborto producto de esa otra forma de tortura sistemática. Nueve puñaladas terminaron con su vida hace apenas diez días, en un hecho que mientras no esté esclarecido completamente guarda la sospecha de estar destinado no sólo a callarla, sino también a amedrentar al resto de los hombres y las mujeres que siguen dando testimonio en cientos de causas todavía abiertas. Como si quisiera ponerse a girar otra vez la correa de transmisión del terror con que los genocidas quisieron asegurar su propia impunidad. Pero el miedo, dicen quienes sobrevivieron y lo prueban sus testimonios, no alcanza a paralizar la búsqueda de justicia, la necesidad de seguir haciendo hablar a la memoria. Aunque duela, aunque arda.

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"Lo que Vilamanzano no sabe".          
 Por Osvaldo Bazán

                 Lo que yo quería era trabajar en LT8.
Si me preguntabas cuando tenía 12, 14 años qué quería hacer con mi vida, te contestaba con el slogan entero: “Quiero trabajar en LT8 Radio Rosario, la emisora más importante del interior del país”. Es la época en que el edificio de la radio era una vieja casona en Córdoba 1825, antes del incendio.
En esa edad en que yo quería trabajar en LT8 Radio Rosario, cantaba todo el día el jingle “eleté ocho, ocho, ocho, siempre te escucho mucho, mucho” y estaba todavía en la escuela primaria allá en el pueblo, a 50 kms. de Rosario.
Bajo el pupitre de mi séptimo grado tenía la radio AM y de ahí salía un discreto auricular. Ponía cara de que escuchaba a la maestra, pero lo que aprendía, lo aprendía con LT8. Despacio, ese mundo que creaba la radio fue convirtiéndose en mi Rosa Púrpura del Cairo.
Y quise entrar ahí.

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Barrio Santa Lucía (Rosario)
La escuelita de Pocho

Por iniciativa de los alumnos y maestros de la Escuela Nº 1375 del Barrio Santa Lucía de la ciudad de Rosario, a partir del viernes 30 de octubre esta institución educativa lleva por nombre Claudio “Pocho” Lepratti, militante social asesinado en diciembre de 2001.

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El viernes 30 se realizó el acto de “bautismo” de la escuela, con un sentido homenaje hacia el militante social. En la calle Riobamba 7769, el centro del barrio Santa Lucía, toda la institución bailó, cantó y miró los videos que presentaron directivos y alumnos. Entre los participantes al acto, se encontraban los vecinos del barrio, Celeste Lepratti, hermana de Pocho, y dirigentes de la Asociación Trabajadores del Estado y de la Central de Trabajadores de la Argentina, Regional Rosario.

No es casualidad que en este barrio obrero, en el extremo oeste de la ciudad, cuyos vecinos fueron los que más padecieron la crisis y la represión de 2001, exista hoy una escuela que lleve el nombre de este militante social asesinado por balas de la policía en aquel diciembre. Sobre el comedor de la escuela reza la frase “Acá hay pibes comiendo”, lo que dijera Pocho Lepratti, sobre el techo del comedor de otra escuela, la Nº 756, “José M.Serrano”, donde trabajaba. “No tiren, que acá hay pibes comiendo” pidió Pocho a la policía y un instante después el oficial del Comando Radioeléctrico Esteban Velásquez, lo mataba de dos disparos en la garganta.

Pocho, militante social y delegado de Asociación Trabajadores del Estado de Rosario, fue una inspiración para mucha gente. Desde los 20 grupos de contención de jóvenes que formó en el barrio Ludueña, donde vivía, pasando por las comunidades eclesiales de base, la revista El Ángel de Lata y el movimiento Chicos del Pueblo, recuerdan su figura como un ángel en bicicleta.

Hoy su nombre está grabado en una escuela de la zona oeste, pero mucho más en el corazón de Rosario.

Publicado el: 02/11/2009

Por Equipo de comunicación ATE Rosario.
Categorías:
Educación / Noticia

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Comunidades en Red


Carta a los verdugos

Por Paula Vanina Luna (lunapau74@yahoo.com.ar)

Que difícil momento nos toca vivir, como madres hijos, padres, nietos, familiares,como sociedad.

Que difícil es poder explicar todas estas sensaciones que tenemos dentro,que difícil es hablar.

Como explicar esta sensacion de dolor y felicidad, les vamos a ver las caras a los verdugos de nuestros familiares,como ellos se las vieron a los nuestros cuando los torturaban, lo diferente es que ellos, los asesinos, torturadores, violadores, nos quitaron la posibilidad de tenerlos con nosotros, ellos están vivos, van a ser juzgados, van a tener una condena, los nuestros NO.

Ellos tienen un pacto de silencio, de muerte,de cobardía, los nuestros hicieron un pacto de amor, de amor hacia nosotros, sus hijos, ellos nos dejaron sin familia, sin poder crecer junto a los nuestros,no nos vieron dar el primer paso, el primer diente, la primer palabra.

Nos obligaron a vivir 30 años en viéndolos libres, ahora van a tener que hablar, van a tener que decir que fue los que hicieron con nuestros 30.000 compañeros.

Es nuestro momento de verles las caras, de que sepan que la justicia los va a juzgar y nosotros como sociedad a condenar.

Daniel Gorosito presente...ahora y siempre

Viejo el lunes vas a estar ahí, conmigo, con José tu hijo,con tu compañera Pety, con tu nieto Lautaro, junto a todos los compañeros que levantan tu bandera de lucha y amor.

Viejo te quiero.


 


SANTA FE › REPORTAJE CON EL JUEZ OTMAR PAULUCCI SOBRE COMO SERAN LOS JUICIOS POR TERRORISMO DE ESTADO.

 

"Queremos la mayor publicidad posible"

En la causa serán juzgados cinco represores -tres militares y dos civiles-. El presidente del tribunal revela cómo serán las audiencias, cómo se ubicará la prensa y destaca que el municipio y la provincia "no nos facilitaron nada".

 Por José Maggi
El presidente del Tribunal Oral federal Oral Nº 1 Otmar Paulucci reveló que tanto el gobierno provincial de Hermes Binner como la intendencia de Miguel Lifschitz; no le brindaron apoyo alguno para concretar el primer juicio por terrorismo de Estado que se inicia a fin de mes en esta ciudad. "Pedimos la sede de la Gobernación, y me contestó el ministro Héctor Superti que había una Comisión por apoyo a los juicios, pero nunca nos dieron absolutamente nada. La intendencia nos contestó que no tenían un inmueble adecuado. Eso sí, el presidente del Concejo me envió una nota adhiriendo a los juicios", sentenció Paulucci. También explica cómo va a ser la cobertura mediática del juicio.
"La fecha de inicio de la causa Guerrieri, fue establecida hace ocho meses y se va a respetar: el 31 de agosto de 2009. No sufrió ningún tipo de modificación. Se está trabajando a full para producir las pruebas necesarias y si faltaran algunas, se suspenderá el debate para que las mismas se terminen de producir", es la primera frase de Paulucci.
¿Las pruebas que faltan producir son importantes para el proceso?
La importancia de la prueba la valora el que la plantea: la defensa o la querella. Pero son pruebas que no van a llevar mucho tiempo. Asi que estimo que durante el debate puedan estar cumplidas, y si es necesario suspenderlo para que terminen de producirse, para que las partes las dispongan para usarlas en el alegato, se suspenderá el debate. Puede ocurrir que algun querellante crea necesario que alguna de estas pruebas deba estar terminada antes de iniciar, bueno, en ese caso hará el pedido correspondiente y el tribunal evaluará el tiempo que necesite, y entonces no será el 31 de agosto. Pero eso hoy no ha sucedido.
¿Ya están fijadas las audiencias?
Hoy estamos organizando el sistema de audiencias que es complicado, y la proyección de las audiencias desde la sala de debate hasta el anfiteatro que tiene la Cámara Federal de Apelaciones en la calle Entre Ríos entre Urquiza y Tucumán, y va a ser en tiempo real. Esto es porque queremos darle la mayor publicidad. Hemos pensado distintos métodos para que la gente participe y pueda verlo.
¿Cuáles son esos métodos?
Se va a colocar además una pantalla sin sonido en la puerta del tribunal por bulevard Oroño, que quien pase podrá verla. Y se está trabajando en el plan de seguridad, porque hay que trasladar presos y se pueden dar conflictos. Va a trabajar la Gendarmería, la Prefectura, la Policia Federal va a alojar procesados. Y la Policia de Seguridad Aeronáutica tendrá el arco de seguridad dispuesto. Estamos afinando detalles. Para que salga de la mejor forma posible, y se cumpla con la garantía esencial que es la publicidad del acto.
¿Cuál es el lugar físico de las audiencias?
Es la sala del Tribunal Oral Nº 1, que está en el primer piso y cuenta con 23 butacas para sentarse, pero podrían ser menos porque hay que colocar un blíndex para separar imputados querellantes y el personal del tribunal del público. Aunque reconozco que son entre 20 y 23 personas las que van a estar en del debate propiamente dicho, y queremos que la gente este cómoda.
¿Dónde va a estar ubicada la prensa?
La prensa va a estar en la calle Entre Ríos.
¿No se va a poder ingresar a este edificio?
Van a poder ingresar las cámaras antes del inicio de la audiencia para filmar y fotografiar, y después se van a retirar. Cada dia de audiencia van a poder ingresar hasta que comience el debate. Los alegatos se van a poder grabar y fotografiar e incluso la sentencia.
-¿No hubo posibilidad de ubicar otro inmueble?
Hicimos un trámite de un año buscando un lugar distinto, pero no tuvimos respuesta. La Muncipalidad de Rosario nos dijo que no tenían un espacio adecuado para esto, no había lugar nos dijeron.
¿Quién le dio esta respuesta?
Nosotros le enviamos el pedido de informes al intendente Miguel Lifschitz, y nos contestó con una nota donde dice que no había espacios suficientes en ningún lugar para hacerlo. Y lo mismo hicimos con la provincia y también tuvimos una respuesta del ministro de Justicia Héctor Superti: nos habló de la Comisión Pro Apoyo a los juicios que se había creado, ante lo cual pedimos apoyo tecnológico y un espacio más grande para hacer el juicio, y no tuvimos respuesta. Solo hablaron de esta Comisión de apoyo, pero nunca llegó nada. Todo lo que tenemos son gestiones personales del tribunal ante el Consejo de la Magistratura y la Corte Suprema que nos suministraron los fondos para lograr esta transmisión.
¿Habían pedido algún inmueble en particular?
Propusimos la actual sede local de la Gobernación de Santa Fe y Moreno, que tiene buenos salones, pero no tuvimos respuesta favorable. Hicimos una gestión además en el salón de una empresa privada, Segurometal, que está en la manzana de enfrente al tribunal. Sus directores tuvieron buena predisposición pero reconocemos que esto puede tener alguna manifestación de personas con lo cual hay que poner seguridad y ese edificio tiene que seguir funcionando como empresa.
¿Algún tipo de apoyo técnico le brindaron?
De ningún tipo, necesitábamos fondos para solventar el armado de la transmisión, además de computadoras, muebles. Hubo provincias como Córdoba cuyo gobierno tuvo una gran colaboración económica con los juicios. Nosotros no la tuvimos, solo hubo una gestión del doctor Daniel Boccoli, pero el resultado efectivo no estuvo.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/10-19700-2009-08-09.html


La Justicia condenó a cinco policías por encubrir el crimen de Pocho Lepratti

La Capital

Los policías fueron condenados a dos años y ocho meses de prision condicional e inhabilitación absoluta por el doble de tiempo de la condena.
Rosario.- Finalmente se conoció el fallo de la Justicia santafesina que condena a cinco policías por encubrimiento en el caso de los episodios represivos de diciembre de 2001 que derivaron en la muerte de Claudio Pocho Lepratti en Rosario.

El veredicto emitido por el magistrado Julio García, a cargo en suplencia del Juzgado de Sentencia 5ª, dictamina que los policías involucrados en el hecho deberán cumplir la pena de dos años y ocho meses de prision condicional e inhabilitación absoluta por el doble de tiempo de la condena, por falsedad ideológica de instrumento público y encubrimiento agravado en concurso ideal.

Los condenados son Marcelo Fabián Arrúa y Rubén Darío Pérez, chofer y acompañante respectivamente del móvil que llevaba a Esteban Velázquez, que fue condenado en 2004 a 14 años de prisión como autor material del hecho; el por ese entonces jefe de la subcomisaría 20ª, Roberto de la Torre; el jefe del Comando Radioeléctrico, Daniel Horacio Braza, y el oficial de guardia de la sub 20ª, Carlos Alberto de Souza. Además otros cinco policías fueron absueltos en la misma causa.

 El caso de Pocho Lepratti se inscribe en los trágicos sucesos ocurridos en Rosario el 19 y 20 de diciembre de 2001, que dejaron seis personas muertas más, además de Lepratti, luego de la represión policial.
Cabe recordar que en los mismos hechos perdieron la vida seis personas más además de Lepratti.

A Lepratti lo mató un agente de un escopetazo

Claudio Hugo Lepratti fue asesinado con un disparo de escopeta el 19 de diciembre de 2001 mientras estaba sobre los techos de la escuela que queda en Caña de Ambar 1635, en el barrio Las Flores. Tenía 34 años y estaba allí porque ayudaba en el comedor escolar que le daba de comer a decenas de chicos de esa zona. Cuando recibió una perdigonada, le pedía a los gritos a la policía que dejara de disparar hacia la escuela.
El crimen se produjo en medio de la convulsión social de aquellos días, en los que hubo otros seis crímenes atribuidos a las balas policiales. Salvo el de Lepratti, todos los demás permanecen impunes y ni siquiera tienen imputados. Tampoco hay constancias de que alguien los siga investigando.
A Lepratti lo mató el policía Esteban Ernesto Velázquez, un agente que revistaba en el Comando Radioléctrico de Arroyo Seco pero que aquel día fue asignado al patrullaje de las calles de Las Flores.
Velázquez iba en el patrullero 2270 de la policía local junto a otros dos uniformados por una calle que da a los fondos de la escuela donde estaba Lepratti. En un momento el patrullero se detuvo, el policía se bajó y abrió fuego con su arma reglamentaria, una Itaka del calibre 12/70. Uno de los perdigones del disparo dio en la garganta del militante social, quien murió mientras lo llevaban a un hospital.

Lepratti era profesor de Filosofía. Había nacido en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, pero se instaló en Rosario desde muy joven. No estaba afiliado a ningún partido pero militaba activamente: lo hacía ayudando a los humildes, sobre todo a los niños, en dos de los barrios más carenciados de la ciudad: en Las Flores y en Ludueña.
En la escuela donde lo mataron hacía la comida, la servía y lavaba los platos, pero sobre todo trataba de contener a los chicos. Y es lo que estaba haciendo el día que lo asesinaron.
El agente Velázquez fue condenado en 2004 a 14 años de prisión como autor del crimen. En 2005 la Cámara Penal de Rosario ratificó la condena.


Deseo para los niños...

(Mex Urtizberea)

Que sean niños los niños.
Que sean niños, y no clientes de las compañías de celulares, o vendedores de rosas en los bares, o estrellas descartables de la televisión.
Niños, no limpiavidrios en los semáforos, o botín de padres enfrentados o repartidores de estampitas en los subtes.
Que no sean niños soldados, los niños. Que sean niños los niños, simplemente.
Que no sean foto de un portal pornográfico.
Que no sean los habitantes de un reformatorio.
Que no sean costureros en talleres ilegales de ningún lugar del mundo.
Que sean niños los niños, y no un target.
Que no sean los que pagan las culpas. Los que reciben los golpes. Los bombardeados por publicidad.
Que sean niños los niños. Todo lo aniñados que quieran. Todo lo infantiles que quieran. Todo lo ingenuos que quieran. Que hagan libremente sus niñerías.
Que se dediquen a ser niños y no a otra cosa.
Que no sean los que no juegan, los acosados por las preocupaciones, los tapados de actividades.
Que sean niños los niños y se los deje preguntar sin levantar la mano, formar filas torcidas, llevar alguna vez la Bandera no por ser mejor alumno, sino por ser buen compañero.
Que sean niños los niños y no los incentivados con desmesura a consumir todo lo que saca el mercado.
Que sean niños, y no los que aspiran pegamento en una esquina o fuman paco en la otra, tan de nadie, tan desprotegidos.
Niños, no nombres que tienen que rogar por recibir el apellido paterno o la cuota de alimentos.
Que sean niños los niños.
Y que los niños sean lo intocable, que sea la gran coincidencia en cualquier discusión ideológica; que por ellos se desvelen los economistas de todas las corrientes, los dirigentes de todos los partidos, los periodistas de todos los medios, los vecinos de todas las cuadras, los asistentes sociales de todas las municipalidades, los maestros de todas las escuelas.
Que sean niños los niños, y no el juguete de los abusadores.
Que sean niños, no "el repetidor" o "el conflictivo" o "el que nunca trae los deberes".
Niños, y no los que empujan el carro con cartones.
Que sean niños los niños, simplemente.
Que ejerzan en paz el oficio de recién llegados.
Que se los llame a trabajar con la imaginación o con lápices de colores.
Que se los deje ser niños, todo lo niños que quieran.
Y que los niños sean lo importante, que por ellos lleguen a un acuerdo los que nunca se ponen de acuerdo; que por ellos se dirijan la palabra los que no se hablan, que por ellos hagan algo los que nunca hicieron nada.
Que sean niños los niños y que no dejen de joder con la pelota.
Que sean niños en su día. Que lo sean todos los días del año. Que sean felices los niños, por ser niños.
Inocentes de todo lo heredado.


CRONICAS ROSARINAS

Pocho Lepratti, un héroe del 2001

Por Adrián Abonizio

“Claudio Lepratti nació en Entre Ríos el 27 de febrero de 1966. Abandonó el seminario para participar de las organizaciones de base. Optó por los pobres con un talento sin igual. Se convirtió en el Angel de la bicicleta y en inmortal”. Anónimo
“Para lograr sus objetivos, los subversivos han usado las canciones de protesta, las historietas, el cine, la literatura, la universidad y la religión y, fundamentalmente, han usado, sin conseguirlo, el pánico.” Almirante Lambruschini, Diario La Razón, 3 de diciembre de 1976.
Pocho Lepratti es un ente mágico. Caja de encastres que funciona desde adentro hacia afuera y viceversa. Produce libros, pinturas, canciones, graffitis, educación de ojos abiertos en definitiva. Si algún santón y mártir ejecutado en antaño viviera diría de él, con una ironía tierna y sin pecar de apología: “!Bueno es vivir, pero así da gusto morirse!”. Y le convidaría un mate.
Es algo extraña esta reproducción: desaparecer para vivir, generar aún luego de la parca tanto torbellino, tanta fe en medio de la guerra, se asemeja a algo vinculado a una espiritualidad de altura. Claro que quienes lo tuvieron cerca lo extrañan, pero creencia al fin y al cabo, una bala espúrea abrió una herida y un camino multiplicador. Hay monumentos, cátedras, canciones, hits con su nombre. El, estimo, se hubiese sonreído con esto, pero las cosas suceden más allá de uno, de la ausencia misma.
¿Qué se imaginaba que Gieco le pondría en su recuerdo el premio Gardel a la mejor canción? ¿Qué sabía de esto el policía que le pegó en la tráquea? ¿Qué los de investigaciones que intentaron cambiar la evidencia haciendo pasar por casquillo de bala verde-goma lo que fue una naranja-plomo? ¿Qué el artista plástico Traverso cuando empezó a pintar las 350 bicis negras en memoria de los desaparecidos de la UNR para que luego coincidan en simbología con Pocho y su bicicleta errante?
Desde los asesinos hasta los pibes que comieron gracias a él, nada sabían que el 19 de diciembre de 2001 policías a cargo del móvil 2270 balearían la escuela donde había pibes alimentándose. Pocho sería la víctima premeditada y sin embargo el puente de sangre, el cordel invencible para atar a la gente entre sí en un abrazo de bronca y de justicia. ¿Quién sabría que luego esta pena se trasmutaría no en odio sino en construcción y vida? Milagros fuera del santoral. Destinos de flechas angelicales dirigidas hacia el espacio pero inscriptas en láminas callejeras, en pintadas, no en libros virginales ni sagrados cálices para el manso rebaño de las cosas congeladas.
Carlos Núñez lo recuerda y muestra las fotos cuando se inauguró esta casa: “Debe ser la única biblioteca que se abrió sin libros”. Pocho está bello en la foto, mirando la altura, rodeado de chicos. Está sentado en un banco, entresoñado. Resuenan voces: “Siempre recordamos ese día que se disfrazó de payaso para el Dia del Niño: había armado el comedor barrial y cocinaba. Estaba festejando eso”. “La primera vez que te vi, Pocho, rodeado de pibes me hiciste acordar a ET, por la ternura”. “Zafé de la droga, escribo en el diario nuestro y sé hacer pan”. “En diez minutos te organizaba un taller, una comida, una charla. A veces desaparecía con su bici: estaba multiplicando eso en otros barrios”. “Claudio no fue un mártir: fue un héroe que logra la inmortalidad en la memoria colectiva”.
¿Cuántas, cuántas hormigas hay pintadas en la ciudad que representan al Pochormiga? Cientos, miles. La hormiga gregaria con un fin supremo. La hormiga que acumula y a la que si le patean su casa, vuelve a reconstruirla. “Un mundo donde quepan muchos mundos”, decía Pocho con alocado razonamiento poético.
Su cuerpo está enterrado en Concepción del Uruguay desde donde vino, luego de abandonar los claustros y aún así elegir los votos de pobreza. Seguirle los pasos se hace difícil; si parece que estuvo en varios lados a la vez: protestando, curando, enseñando, contando, aprendiendo, animando.
Pobre de la policía que estaba como endemoniada aquel 19 de diciembre de 2001 entre los saqueos. Nadie los recordará con amor. Ni a sus jefes políticos. Les dijeron que el que mejor apuntaba y daba en el blanco tendría premio. No serán amados, los asesinos van a quedar sepultos y no entrarán a cielo alguno. Eso se sabe.
Claudio Lepratti, en cambio, no hay día en que uno no vea una pintada nueva que certifica que Pocho está, que Pocho vive, que le hizo un truco de magia a sus asesinos porque en definitiva alcanzó lo que ellos nunca: morirse sin morir.


Diciembre de 2001    19 y 20 : 7 (25)

un artículo  de la Biblioteca Popular Pocho Lepratti, ante otro aniversario de los asesinatos de Diciembre de 2001

Parecen sólo  números: sin embargo encierran tanta adrenalina, ríos de vida, apuestas colectivas  y miles de rebeldías hacedoras de esperanzas. También en ellos hay lugar para los fabricantes de sangre, eternos mutiladores de los sueños donde  podríamos encontrarnos todos.
Es que han pasado ya siete años de los asesinatos ocurridos en diciembre del 2001. Pero además, nada puede evitar, que esto lo piense en el contexto de estos 25 años donde volvimos a un Estado de derecho constitucional.
Aquel 10 de diciembre de hace un cuarto de siglo la mano derecha (cuál otra, sino?)
 del genocida Bignone colocaba la banda presidencial que cruzaba el cuerpo de Raúl Alfonsín, ante cientos de miles de compatriotas llenos de esperanzas, con 30.000 heridas abiertas de por vida, y con la necesidad de un pueblo que había sufrido el más terrible saqueo.

Era el final de una época donde las armas del Estado se pusieron al servicio de un proyecto de terror, implementado desde una política intervencionista armada de los EE UU para todo el continente y que contó con la colaboración civil de enormes sectores políticos, económicos y culturales, que representaban a los sectores hegemónicos dominantes.

Detrás de ese brazo de Bignone, quedaban tal vez aplastadas las más heroicas historias de vidas jugadas definitivamente a parir revoluciones donde la justicia y la libertad fuesen el resultado del accionar de esos miles de hombres y mujeres nuevos.

Comenzaba una democracia, con la soga de la deuda externa al cuello, con la mirada centinela de los guardianes que vigilaban social, política y culturalmente hacia donde se iba.
Épocas nuevas: los que sobrevivieron la épica  de las rebeliones debían aprender a acostumbrarse a las reglas de las permanentes posibilidades.
De las pesadillas se podía llegar en algunas ocasiones a ciertos grados del sueño, siempre y cuando éste no amenazara convertirse en utopía (verdadera mala palabra que remitía a ideología).
Democracia, que también conoció los noventa, reinado del pragmatismo a ultranza, del remate del Estado, un siniestro  todo vale en nombre del mercado, la corrupción y la estafa.
Es que hay que animarse a decir lo que sentimos sin temor : por ejemplo ¿ cómo será una democracia que también alcance la cuestión económica?
Quiero decir: los sectores asalariados perdieron enormes ingresos en la dictadura, no se recuperaron en la democracia, conocieron la más feroz desocupación en los 90 , se incorporaron los excluidos como nuevos actores sociales y siempre la desigualdad, la brecha  que jamás para de crecer entre los que más tienen y los que menos poseen (o a los que históricamente más se le ha arrebatado).
Aún en este panorama asomaron como siempre revalorizando la democracia las estrellas que nos iluminan en medio de las oscuridades, y  nos llenaron de dignidad con los testimonios de los sobrevivientes y   en los ejemplos de los organismos de ddhh en los Juicios que continuaron sin doblegarse  cada vez que el sistema les tendía una nueva trampa.
Desde los trabajadores recuperamos la tradición de  resistencia acorde a nuestra historia  cuando  reeditaron  las luchas con  la Carpa Blanca,   la Marcha Federal, Cutral Có, encendiendo mechas de dignidad a lo largo y ancho de todas las provincias devastadas.

19 y 20 de diciembre de 2001

Sin dudas ya forma parte de la historia argentina, como uno de esos acontecimientos que “parte-aguas”, que permite hablar de un antes y un después.
Diciembre de 2001 inequívocamente señala dos hechos( en realidad permite repensar todo):
1) Los límites del proyecto que aplica  la receta neoliberal, que siete años después implosionaría en el mismo corazón capitalista. Si no se habla de “riesgo país”, si no hay olores a goma quemada se debe a que Bush borró con el codo lo que escribió a sangre y fuego en otras latitudes y permitió el salvataje de los bancos y capitales.
2) Los límites de una democracia sustentada en la alternancia bipartidista con un esquema de representatividad totalmente puesto en crisis.
La movilización social de diciembre de 2001 ha sido la más extraordinaria manifestación de masas de los últimos cincuenta años en  el país y con un fuerte impacto en diversas latitudes. Ni hablar de los sucesivos gobiernos que no alcanzaban a llenar los papeles burocráticos al ser rechazados uno tras otro.
El arco partidario, recorrido de punta a punta, era rechazado e impugnado en su modalidad de constituirse como el representante, el modelo a imponer que aseguraba condiciones de estabilidad y de continuar…
Hoy, entre nuestros debates surge la tensión entre “al final no pasó nada” y el ¿realmente nada pasó?.
Claro, por un lado se nombra: acaso no están los mismos que eran repudiados en las calles?, o se hizo justicia acaso con los asesinatos sistemáticos que se produjeron en el país? O en alguna provincia? O se modificaron acaso las relaciones de poder?
No es fácil, pero también debemos ser  auto-críticos  y decir que muchas veces hacemos nuestros análisis utilizando categorías de pensamiento que corresponden a los del otro lado de la vereda histórica.
Nuestras luchas son parte de un proceso y por ello quiero contextualizarlo en esta democracia, alcanzada tras el genocidio.

Diciembre de 2001 también significa  el surgimiento de miles de movimientos sociales, grupos que se reúnen a través de la vulnerabilidad de sectores sociales, o de la realización de micro-emprendimientos o espacios de trabajo recuperados, de la defensa de la vida  de muchas maneras, de la identidad de pueblos originarios o movimientos de inquilinos, etc, etc.

Diciembre de 2001 son esas experiencias autogestionarias, que practican nuevas formas de pensar, transitar, practicar y dignificar la política, esa herramienta fundamental de los hombres, mujeres y niños para hacer mejor sus vidas y las de su comunidad.

Diciembre de 2001 nos habla de cómo se vienen dando formas diferentes de establecer relaciones sociales y de ir generando otros modos de producción que no sea  el desigual modelo de explotación capitalista.

Diciembre de 2001 nos permite ir aprendiendo con otros,  formas democráticas, impugnadoras de las actuales, reconociendo y trabajando esas diferencias.

Diciembre de 2001 sigue estando allí, pese a que son muchos los que no lo quieren ver y piensan que ya pasó, que de nuevo están “ legitimados”, que así es la “gobernabilidad” y blá blá …

Diciembre de 2001 es ser crítico con esta democracia (*),  y a la vez  es ser solidario, es romper el cepo cultural, hacer acrobacias con el pensamiento, golpear el redoblante de la justicia. Es pensar en los pibes y grandes que se mueren de hambre y de frío y de soledad, mientras  en la televisión  y grandes medios de esta democracia se hace el culto al individualismo y al éxito y no se habla de nada que moleste a quienes siguen gobernando conciencias, acordes a un patrón modelado por el poder económico .

Diciembre de 2001 es un irreverente estado de insubordinación ante los señores del despojo, de la hipocresía, del secuestro de López, de los pibes que se mueren a puro poxi, paco  o gatillo fácil. Es la capacidad de querer construir otra democracia, que vaya más allá de lo formal, que instale mecanismos nuevos que abran a la participación activa, dejando atrás la delegación que manipula y aleja de la toma de decisiones

Diciembre de 2001 es que los que fueron responsables políticos paguen ante la Justicia por las órdenes que emitieron y no que estén  esperando la hora del recambio de la cúpula dominante, cómodamente sentado en  las bancas  del Senado.

Diciembre de 2001 sigue siendo, ahora y siempre esa mirada del Pocho…Y la tozudez del trabajo de hormigas
(*) y no olvidar además de los 34 nombres que conforman la trágica lista de Diciembre de 2001, otros nombres y apellidos  señalan con toda claridad toda la enorme tarea que tenemos por delante para que la democracia , la justicia y la distribución de la riqueza sean para todos los que habitamos estas tierras. Algunos de esos nombres están integrados por Víctor Choque, Teresa Rodríguez, Darío Santillán, Maximiliano Kosteki, Carlos Fuentealba, los miles de víctimas del gátillo fácil, los militantes  que sufren en carne propia la judicialización de la protesta social, los trabajadores del Movimiento Chicos del Pueblo, los centenares de torturados y miles de hambreados.

                                                                                                                                                                                   Ps. Carlos Nuñez
                                                                                                                                                                 Biblioteca Popular Pocho Lepratti
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