Biblioteca Popular Pocho Lepratti
Miércoles, 9 Diciembre, 2009
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Hoy: “ palabras en la web”

Magda Lemonnier recorta palabras de los diarios, palabras de todos los tamaños, y las guarda en cajasEn caja roja guarda las palabras furiosas En caja verde, las palabras amantes En caja azul, las neutrales En caja amarilla, las tristes Y en caja transparente guarda las palabras que tienen magia
A veces, ella abre las cajas y las pone boca abajo sobre la mesa, para que las palabras se mezclen como quieran Entonces, las palabras le cuentan lo que ocurre y le anuncian lo que ocurrirá …

(de Eduardo Galeano)

 


¿Por qué hoy?

Villa G. Gálvez, 23 de agosto del 2009

Por TALY

Y qué se yo.
Hoy empecé a escribir porque no puedo más. Soy vieja, y lo que necesito es birome y papel, pero la comp. existe y no debo negarla, así que… aquí voy. Resulta que el pasado, ese que uno niega, reniega y esconde muchas veces, me está asaltando casi todos los días, no me deja en paz y creo que me pide que lo anuncie, algo así como las buenas o las malas nuevas.

Estuve enhebrando, con los hilos de las comunicaciones destejidas, pero que quedaron flotando en mi memoria, algo deteriorada por los años ya, algunas de las historias que me persiguen, que me constituyen, que me hacen sentir tan bien o tan mal de a  ratos, porque de a momentos olvido, de a momentos reaparecen, no siempre cuando lo quisiera, con oportunidades y con inoportunidades que me sacuden y me dejan temblando.

Es que, como decía Charles Forte (¡búsquenlo!) “¿Y si las coincidencias no existieran?”
Porque, ¿vos creés que será coincidencia que ayer estuve reunida con la sobrina de Juanita? ¿O te olvidaste de Juanita,  la piba misionera  que nos hacía trámites para el estudio contable cuando Martínez de Hoz decidió implementar el IVA y se nos llenó la oficina del barrio Saladillo de clientes que necesitaban inscribirse? Había que aprovechar la volada, y lo hicimos. Juanita trabajaba un par de horas diarias con un arquitecto amigo, en el centro, y después nos iba a  llevar todo a la DGI de aquel entonces, hoy devenida en AFIP ( que  me suena más duro todavía, no sé por qué).
Juanita era un tanto petisita y algo robusta, de piel oliva y unos increíbles ojos clarísimos  que la destacaban, pero que si lo mencionábamos se ruborizaba. Tenía la apariencia y los modos tímidos de las chicas del interior de aquel año 1982,  de fines del proceso militar, de miedos, ganas y cierto aire de cambio que se veía venir, porque se sentía como el sistema se estaba resquebrajando. Pero estábamos cautelosos, había habido demasiadas pérdidas (¡Ay, Miguel!) y no podíamos confiar demasiado, así que cuidábamos lo que decíamos y con quién, nos movíamos con sigilo y en un  permanente “ como si…” en el que hablábamos sólo de la pareja, el laburo, la guita, los chicos, el fútbol ( Yo no) y lo que pasaba en países lejanos. De lo otro, del dolor, de la angustia, de la esperanza, del deseo, de la necesidad profunda de volver a encontrar el futuro, no habábamos más que en algún sitio y con personas muy especiales, esas con las que podíamos hablar de todo, o callar de todo, o llorar y abrazarnos.

En fin, que la Juani era muy callada, sencilla y laburante. Además estudiaba, con pocas ganas, en la Facultad de Ciencias Económicas. Porque había materias a las que no asistía y se quedaba libre. Pero el noviecito, también misionero, era otro estudiante de  esa Facu, así que intentaba continuar sosteniendo el espacio. Ese mes, gracias al siempre recordado Martínez de Hoz, cobró un montón de mangos, porque los clientes que debían inscribirse (el carnicero, el verdulero, el panadero, el tachero, etc) nos dejaban el DNI y firmaban el formulario respectivo, y  la Juani lo llevaba a la DGI y  la semana devolvía documento y formulario sellados, con el número correspondiente. Por eso, medio tipo mamá postiza, me preocupé por el destino que le iba  a dar a lo ganado tan abruptamente, y que además era absolutamente temporario, le aclaré los tantos con firmeza (“Mirá que después no vas a ganar como este mes, cuidate, no te la creas, seguí estudiando, etc.”) y le pregunté qué estaba  haciendo con lo ganado. Y en voz baja  me dijo “Me compré zapatos ( mocasines negros, me mostró) y le dije a mi familia que este mes no me gire”. Así que respiré tranquila, porque la piba sabía como era la cosa, se ubicaba.

Llegó el fin de semana, Día de los Muertos, que en ese entonces  era feriado ( porque los milicos eran de respetar esas cosas y además querían andar bien con la Iglesia) y yo huí, como solía hacerlo, de la ciudad y de la comedia representada día a día, hacia donde podría tratar de ser yo misma, y además estar más con mi hija. Me iba al Charigüé, la isla de enfrente, allí donde Don Taco me guardaba la carpa, las ollitas, las bolsas de dormir, allí donde podía quedarme en silencio, llorar o andar sin rumbo un par de días, oxigenarme y recuperar algo de fuerzas, sola o con quien apareciera a compartir lo mismo . Porque unos cuantos aparecíamos de la misma manera, mirándonos de reojo al principio hasta poder reconocernos hermanados.

Y mientras estábamos allí, con mi niña Ayelén y el Fer ( viejo amigo que apareció), andando a caballo, tomando sol, asando pescado, escuchando música , nadando o  callados y punto, a Juani la mataron, sí la mataron. No sé quién fue, sólo sé  que el lunes temprano, entró la Peti a la oficina a los gritos “¿Cómo es el apellido de  Juanita? ¿Ella es a la que asesinaron?”. Y sí, fue ella, la “bella misionera”, como decían los diarios sensacionalistas ( los mismos que decían de las compañeras guerrilleras “ las bellas mujeres de la guerrilla” ) de sólo 22 años, que apareció apuñalada y muerta. Fuimos al Juez y a la Comisaría 2ª, a preguntar y exponer lo poco que sabíamos, y a explicar por qué en su `pieza de pensión había media docenas de DNI de distintos tipos. No obtuve muchas explicaciones, sólo hipótesis: “crimen pasional, pudo ser una mujer celosa, o alguien que la vió tomando sol, en la terraza, desde otro techo o una construcción cercana y la atacó, ya veremos. Pero esto, sin guita y con la familia lejos, se muere aquí. Puede ser que algún día, cuando agarremos a un asesino de otra mina, nos diga que también mató a ésta, quién  le dice, señora”.

Sí, conseguí escuchar y presenciar las entrevistas allí nomás de los medios periodísticos. ¿Cómo olvidar al inefable Velazco Ferrero buscando informar algo destacable, y planteando: “Ponemos que era miembro de una red de prostitución, que el novio manejaba. ¿Con quién vivía? ¿Con una  amiga? Entonces ponemos que eran lesbianas.”
Y todo así. La denigración la mugre para justificar tirajes, el invento calculado para impactar, la burla irrespetuosa, todo era un asco.

Y hace como un año, en una clase, comenté el caso para mostrar lo que se podía distorsionar y esconder en vez de aclarar lo que nunca se aclaró, y al terminar la clase Belén me encaró para decirme que una compañera suya de Psicología era la sobrina de Juanita. Esa sobrina con la que me encontré ayer, que me dijo que nunca se habla de esa tía, que era el secreto familiar, y que la familia se creyó lo que los medios malditos dijeron de ella, por lo que la niegan y mantiene el silencio y el miedo. Pero que ella se siente mal, necesita saber.

Volví a quedar a sola piel y además desgarrada, porque los recuerdos son como puñaladas. Esa piba, esa piba de 21 años, víctima considerada, como la sostenía el gobierno militar, culpable de su propia muerte, eso de “algo habrán hecho”. Pobrecita, pobrecita, asesinada y negada hasta ahora.
Pero hoy tengo un mensaje en el celu, de su sobrina Gabi, que dice: “Gracias, Estela, por la charla. Me diste  muchas fuerzas, Besos. Nos vemos.”

 

 


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