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Luis Rey, publicado en Revista Santa Cruz |
Treinta y Dos …“ No es posible amar a los pobres sin desear ser como ellos. No es posible amar a los oprimidos sin desear compartir su carga. |
Barrio Tablada: violencia, impunidad, desempleo, corrupción, y miedo: un verdadero “cóctel explosivo”.
Algunas propuestas desde la Biblioteca Pocho Lepratti, una institución de ese barrio.
Escribe: Psicólogo Carlos Nuñez.(Director BPPL)
En la fecha el periodista Hernán Lascano vuelve a honrar la profesión elegida, realizando otra profunda investigación acerca de la conflictiva situación que se vive en nuestro barrio (* nota que se pone a disposición de los lectores) y que la ha llevado a ser, junto a barrio Ludueña, los dos sectores donde alcanza su mayor nivel la violencia cotidiana de la ciudad.
Muchas son las causas que señala el periodista, como ya lo habían hecho anteriormente él y otros integrantes de la Sección Policiales del diario La Capital. Se señalan ahí las disputas entre diversos grupos por el control de la distribución de drogas, la difícil situación abierta tras la normalización institucional del club Newells Old Boys, dado que se han desarmado “múltiples operaciones ilícitas” tras la caída del jefe de la barra brava de ese club, “Pimpi” Caminos y un amplio sector que lo rodeaba. Es necesario añadir, como decimos en el inicio de nuestra página, los efectos del desempleo, la precarización y las vulnerabilidades que se manifiestan como consecuencias que dejó la primacía del proyecto neoliberal en la zona. Así podemos afirmar, a través de nuestro trabajo cotidiano altos niveles de repitencia y abandono escolar, una cada vez mayor cantidad de chicos que están sólos y rebuscándoselas en las calles durante largas horas, enormes dificultades para insertarse en situaciones de trabajo digno para los padres o madres de niños menores, que a su vez, comienzan a ser “tentados” para obtener recursos “fáciles”, donde la vida pasa a tener cada vez menos valor y sentido. Nada de ello sería posible, por supuesto, sin la “participación o consentimiento” de las instituciones encargadas de implementar y administrar la ¿justicia?.
A esta complicada situación debemos agregar otros elementos. La zona de Tablada tiene muchas dificultades aún para unificar el trabajo de los diversos espacios de movimientos sociales, centros comunitarios, organizaciones estatales, escuelas, centros de salud, grupos de jóvenes, clubes que aún no han logrado romper el nivel de fragmentación para trabajar de manera más articulada.
Otro hecho a destacar, lo volveremos a encontrar en La Capital, pero ésta vez no será en la destacada nota de Lascano. Si entramos a la página web del citado medio, nos encontraremos con las opiniones de lectores, al pie del artículo. Ella representan una suerte de reafirmación de los conceptos vertidos por un sector Ella representan una suerte de reafirmación de los conceptos vertidos por un sector comunicacional (ubicado claramente en las antípodas de los periodistas autores de la mencionada investigación) que incide fuertemente en nuestra sociedad como “formadores de opinión”. Son esas voces, las que también se dejan escuchar mucho en el barrio, proponiendo la “solución final”. Barrerlos, quemarlos, pasar la topadora, liquidarlos son algunas de las denominaciones con las que se pretende más represión, más violencia que por supuesto no hace otra cosa que pretender apagar el fuego con nafta. Dirigido todo esto a quiénes? Pues sobre todo a quienes son jóvenes y mucho más si son pobres, La ecuación delito = pobreza hace rato que ha sido instalada, sobre todo por aquellos que se han robado las riquezas nacionales, la soberanía, y tantas otras cosas, pero han sido defendidos desde el poder más corrupto, sembrando más y más impunidad a la vez que se riega con demonizaciones…. Y así , reina el miedo, la vida de ninguno parece valer nada y se paralizan las relaciones sociales, porque todo “otro” es sinónimo de peligrosidad…
Y nosotros, desde la biblioteca ¿ qué pensamos, qué proponemos?
No vivimos en una isla, quedamos muchas veces al día ante enormes dificultades en las las que no sabemos cómo actuar y expuestos a un montón de situaciones complejas.
Pero creemos en el trabajo de hormigas, como Pocho. En proponer encuentros, en propiciar el diálogo, la palabra, ante los que claman por el encierro, el silencio, el pedido de muerte. Creemos que debemos trabajar articuladamente, todos los que no sabemos como enfrentar esto, que somos todos tomados individualmente, pero podemos potenciarnos, si nos juntamos y abrimos nuestras cabezas, nuestras prácticas y pensamos otras estrategias que sean verdaderamente inclusivos.
Están quienes, ante la crisis, sólo conciben un mecanismo de “fuga para adelante. Siguen así proponiendo las recetas excluyentes que ya mostraron su profundo fracaso: las respuestas de los barrios cerrados, de la mano dura, de la tolerancia cero. Tenemos que ver y discutir colectivamente proyectos que contengan posibilidades de trabajo, de creación de nuevos escenarios, de re-pensar la justicia y las institucionalidades.
Desde la Biblioteca Pocho Lepratti pensamos que tenemos que crear otras situaciones culturales, volver a utilizar desde los recursos que tenemos en el arte, la educación, el juego, y todas las herramientas económicas y simbólicas que dispongamos ponerlas al servicio de un proyecto de transformación social. E invitar a que nos sumemos con asociaciones, gremios, con proyectos económico productivos, con centros comunitarios y culturales barriales y espacios estatales y movimientos diversos (como por ej: la Coordinadora de Trabajo Carcelario, la Mesa Regional de la Infancia, etc ), con comunicadores , para ir trabajando en lo concreto con situaciones que vayan rompiendo las enormes y salvajes asimetrías, que realicemos en las instituciones y esquinas de los barrios encuentros, recitales, que impulsemos actividades multidisciplinarias y con todos los sectores sociales, aprendiendo a escucharnos, a generar nuevos vículos y lazos sociales y a poder pensar colectivamente y desde el respeto a las diferencias cómo empezamos a producir ese “mundo donde quepan todos los mundos”
Tablada, un barrio donde el delito y la impunidad caminan de la mano
Mensajes elocuentes en las paredes del barrio. Algunos son claras amenazas, otros de resignación.
El espacio donde se conectan los barrios Tablada con villa del Tanque, villa Manuelita y el Fonavi Municipal es una franja de territorio palpitante y desapacible. En ese rectángulo de 20 cuadras por 10 del sudeste rosarino, el registro de violencia trepa como en ningún otro sitio. Allí se produjeron 16 asesinatos en lo que va del año. Es decir, el 14 por ciento del total de crímenes de todo el departamento Rosario en 2009.
El encarnizado choque a balazos que hace dos semanas provocó la muerte de Joel Alcaraz, que tenía 19 años y 12 orificios de bala en el cuerpo, y dejó inmóvil de la cintura para abajo a Iván Benavente, de 23 años, que recibió siete tiros, exhibe la forma más aparatosa de la violencia en la zona.
Lo que se advierte al compulsar los casos es que muchos de ellos se investigan deficientemente o no se investigan. A veces ni siquiera logran salir del círculo de sus protagonistas cercanos porque las instituciones que deben dar cuenta de ellos no los comunican. Eso muestra un costado ciego y muy serio del problema, porque el foco de violencia que mata y aterroriza a los vecinos se despliega a espaldas de la sociedad y con mínimo control estatal, lo que reproduce y amplifica sus riesgos.
El crimen de Alcaraz expone la problemática en su forma más descarnada. Por la tremenda violencia que lo desató, en una riña en la que se dispararon más de 30 balazos con armas de guerra. Porque demuestra la juventud de víctimas y victimarios, que tienen roles intercambiables. Porque suelen ocurrir en la vía pública, poniendo en peligro o cobrándose vidas de personas ajenas a la contienda. Porque muestra en la trayectoria de sus protagonistas, más allá del detonante particular, un sustrato donde se disputa el dominio de los circuitos del tráfico de drogas y los delitos contra la propiedad y la vida.
No se investiga. Pero un aspecto medular del conflicto, que en el caso de Alcaraz no se da, es la rudimentaria o a veces inexistente investigación policial o judicial de los casos.
En ese sentido, el Ministerio de Seguridad de la provincia acaba de ordenar una compulsa de todos los crímenes en la zona para establecer cómo se pesquisaron. Las áreas de control de esa cartera advierten que la mayoría de los hechos no están esclarecidos.
No sólo eso. También se verifican notables diferencias en cómo se encarrilan los casos según intervengan las comisarías 11ª o 16ª, la sección Homicidios o cada juez de turno. Fuentes de la cartera de Seguridad señalaron a La Capital que se constató que las causas se orientan con parcialidad elocuente hacia una u otra pista según, a veces, qué oficial intervenga. Lo más grave: hay homicidios que se planchan. No llegan a la prensa ni se investigan. La sospecha fundada en el Ministerio es que eso ocurre porque hay compra de impunidad.
En muchos casos esa tolerancia se explica por el peso que tienen algunas facciones históricas del barrio y porque quienes quedan implicados en los crímenes están ligados a ellas.
Hay episodios más significativos que otros. En enero pasado mataron a Sebastián Galimany, de 21 años, en un caso arquetípico: dos víctimas muy jóvenes (un muerto y un herido grave, de 22 años), ataque muy cruento (ejecución en la calle y a quemarropa). Las menciones detalladas de un testigo privilegiado conducían hacia un allegado a alguien con poder en el barrio: un hijo adolescente de Roberto Pimpi Camino, ex líder de la barra brava de Newell’s, apodado Chamí. Hoy prófugo.
Sin embargo, pese a los notables y ricos detalles de un episodio brutal aportados por el testigo, un pibe de 22 años llamado Facundo S. que no dudó en ponerse en riesgo para ofrecer una pista que aclarara el hecho, no tuvieron ningún impulso en Tribunales. El expediente judicial no agregó nada al escueto sumario policial. Y eso se sabe en el Ministerio de Seguridad y en la Cámara Penal de Rosario.
En una barriada donde los factores de violencia son múltiples, la impunidad la alimenta. La Secretaría de Control de Fuerzas de Seguridad, a cargo de Gonzalo Armas, está por ello analizando cómo se investigó cada caso.
La policía aduce limitaciones. La Sección Homicidios, por ejemplo, tiene una dotación de una docena de efectivos, tres vehículos en estado lamentable y escasos medios para trabajar los 112 crímenes de 2009. Como sea, la mínima publicidad y la falta de esclarecimiento de tantos casos amplifica en el barrio la sensación de que las acciones de sicarios a cielo abierto pueden seguir porque el Estado no les fija límites.
Economías delictivas. Los 16 crímenes del año en la zona tienen diversos orígenes. Algunos son ajustes de cuentas por conflictos interpersonales, vecinales o familiares. Pero muchos derivan de disputas por control de la criminalidad o el tráfico de drogas. “Las acciones policiales exitosas contra cocinas de cocaína en el barrio tienen su costado crítico”, dice el secretario de Seguridad Comunitaria, Enrique Font. “Implican una desestructuración de una economía delictiva que deja eslabones menores sin la actividad que le daba sustento material diario: el pequeño pasador se queda sin trabajo y eso vuelve en violencia”, indica.
Otro foco crítico se debe a la turbulencia que genera la desintegración de grupos violentos de barrabravas antes cohesionados en base al reparto de prebendas económicas que se cortaron cuando Pimpi perdió su poder en Newell’s. “Ahora esos actores buscan insertarse en otros circuitos”, dice Font.
Los nombres de la feroz saga criminal
Sergio Barrios tenía 18 años y vivía en Patricias Argentinas al 4800. Lo asesinaron de cinco balazos la madrugada del 11 de enero cuando se encontraba con tres amigos. Según testigos, un joven llegó caminando y directamente le disparó. Los pesquisas sindicaron a Milton D. como el autor de los disparos.
Sebastián Galimany, de 22 años, recibió tres balazos letales el 19 de enero, en Olegario Víctor Andrade y Grandoli. Iba en moto con un amigo y sufrieron un accidente de tránsito menor. Cuando un par de horas después fueron a retirar el rodado los emboscaron. El pibe que se salvó acusó por el hecho a un hijo de Pimpi Camino.
Sergio Víctor Salinas murió la madrugada del 25 de enero tras ser atacado en Spiro al 300 bis. Le disparó una mujer de 30 años con la que mantenía una relación más que tensa.
Germán Alfredo Rodríguez tenía 47 años. El 4 de febrero fue acribillado a balazos en Lamadrid y General Paz, a 22 metros de la comisaría 11ª. Su compañero, Gerardo R., dijo desconocer los motivos del ataque. En la investigación surgieron los apodos de El Porteño y Triple 6, asesinado el 25 de julio.
Héctor Cardozo tenía 50 años y la madrugada del 7 de junio murió apuñalado por un chico de 17 que resultó herido. Fue en Esmeralda y Garibaldi. Su agresor fue detenido.
A Leandro Bebe Barrios, de 21 años, lo balearon la madrugada del 14 de junio frente a su casa de Garibaldi y Esmeralda. Falleció tres días después.
Maximiliano Paíz, de 32 años, sufrió una herida de bala en el cráneo la tarde del 22 de junio en Convención y pasaje Falcón y murió dos días después. Fue en una reyerta entre tres o cuatro personas. La policía apuntó sus sospechas hacia un chico de 16 años con quien Paíz tenía encontronazos. El pibe se entregó en Tribunales.
Diego Martín Barrios tenía 21 años cuando lo asesinaron el 16 de julio en Presidente Quintana 120 bis. El homicidio, entonces, no salió a la luz pública.
Miguel Peña, de 24 años, fue asesinado de tres puñaladas por su hermano Horacio. Fue el corolario de una de las tantas peleas que solían protagonizar. Fue el sábado 18 de julio en un pasillo de la villa ubicada en Güiraldes entre Tafí y Cepeda.
A Alexis Acosta, de 15 años, en el Fonavi de Lamadrid 98 bis lo conocían como Triple 6. El 25 de julio lo mataron a balazos en uno de los pasillos del barrio. Tres meses antes lo habían baleado en las piernas.
Pablo Germán Gómez, de 30 años, murió el miércoles 29 de julio debido a una feroz golpiza que recibió cuando iba en bicicleta por Necochea al 4200.
A Miguel Angel Arocha, de 45 años, el 17 de agosto un balazo le atravesó el abdomen cuando salió desde su casa en una moto para acudir en defensa de su hijo en Ayacucho y Uriburu.
Rafael Agustín Oliva, de 51 años, murió cuando su casilla de chapas en un pasillo que une dos puentes de hierro en Ayolas al 200 bis fue acribillado a tiros el 8 de septiembre. Dicen que el asesino se equivocó de víctima.
Maximiliano Gabriel Sánchez, de 24 años, fue ejecutado el sábado 17 de octubre en el Fonavi de Alice y Lamadrid. Un muchacho se le acercó y directamente le descerrajó tres balazos. Los deudos apuntaron sus sospechas hacia un hijo del Pimpi Camino. El chico, de 13 años, estuvo demorado.
Gustavo Alberto Acuña, un albañil de 23 años, murió al quedar en medio de un tiroteo entre dos grupos en Ayacucho al 4000. Según la investigación, era completamente ajeno al enfrentamiento.
Joel Alcaraz, de 19 años, fue acribillado a balazos el 9 de noviembre en pasaje Becquer al 500 bis, en la villa del Tanque.
"Nadie está a salvo, no es necesario ser narco o choro para que te maten a tiros"
"Pibes que tiran como locos y mueren como perros". Esa es la frase que impera cada vez que se va a Tablada a escribir la crónica policial de otro pibe muerto. El 21 de septiembre de 2008, bajo el título "En cuatro años hubo 13 muertes por disputas entre bandas en Tablada", en esta sección del diario se publicó una nota especial sobre los homicidios que transformaron las calles de ese barrio del sudeste de la ciudad en un campo de mortajas. La crónica reflejaba las voces de un mayoritario segmento de vecinos que decía estar harto de las peleas entre bandas antagónicas que pelean por el control de la calle. "No hace falta ser narco o choro para que te maten a tiros. Le puede pasar a cualquiera", explicaban.
Desde entonces nada cambió. O lo que es más terrible, empeoró: 16 homicidios en lo que va del año en Tablada. Las causas son múltiples. Peleas entre pibes sin calma transformados en soldados de los narcos que intentan adoctrinar a los que no saben cómo es eso de honrar sus deudas. Maleantes enfrentados con hampones rivales por una mujer. Venganzas y reyertas entre borrachos o drogados. O simplemente atravesar por un sector que el pesado de turno indicó que estaba vedado. Y esa manía de dirimir conflictos a los tiros. "Si vos venís y me pegás un tiro en una gamba, yo voy a ir y te voy a pegar cinco tiros. Pero en las gambas. No en la cabeza. Algunos pibes eso no lo están entendiendo", explicó un peso pesado en el mundo del hampa de Tablada que sabe de códigos.
Ya nadie cree. Los vecinos ya no creen en nadie ni en nada. Y hablan de una violencia normalizada donde “te puede tocar”. De que “si pones la moneda (a la policía), todo se puede arreglar”. Que “los narcos arreglan y ustedes saben que hay deliverys de falopa que se hacen con móviles policiales”. Rehenes del repliegue de un Estado que deja un vacío de poder que rápidamente es dirimido y cubierto por quien es más fuerte para ocuparlo. Y una violencia normalizada que casi siempre termina, o empieza, son el silbido de las balas. “El mejor sistema de justicia en Rosario es el de Tablada”, graficó no hace mucho tiempo un experimentado pesquisa: “No cumplís y te cagan a tiros”, agregó. Y también hay policías que piden que no se juegue con los muertos. “Eso rompe los códigos adentro y afuera”, comentó uno.
Tablada también es sentir que los nombres o apodos de los personajes envueltos en los crímenes ya fueron escuchados en otros hechos. Para el ejemplo: Sergio Barrios fue asesinado el 11 de enero en Patricias Argentinas al 4800. Por su crimen fue detenido Milton D., un pesado ex integrante de la gavilla de Guillermo Torombolo Pérez, muerto con 24 años en febrero de 2008.
Milton D. formaba parte de esa pandilla junto a Marcelo Monedita Núñez, asesinado de un tiro en la cabeza en enero de 2007 cuando tenía 17 años. Y con Joel Alcaraz, acribillado a principios de este mes, cuando tenía 19 años. Milton D., sólo durante 2008, recibió una decena de balazos en dos episodios y su nombre sonó en la investigación del homicidio de Paulo Pichi Acosta, de 24 años, muerto a tiros en Médici y Lola Mora en septiembre del año pasado. Está enfrentado con Joel S. y Fernando M.. Los tres estuvieron en la carpeta de los investigadores por el crimen de María Benegas, de 78 años, muerta el 30 de diciembre cuando tomaba aire en la vereda de su casa de 24 de Septiembre y Necochea. Fernando M. está detenido por el crimen del albañil Gustavo Acuña, ocurrido el 23 de octubre en Ayacucho al 4000. Y así, la historia se sigue trenzando sin nunca acabar.
Fuente: Diario La Capital, domingo 29/11/09
Producción periodística Hernán Lascano
Biblioteca digital de la Unesco
La Unesco lanzó una biblioteca digital mundial que reune mapas, textos, fotos, grabaciones y películas de todos los tiempos.
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El acceso es gratuito y los usuarios pueden ingresar directamente por la Web, sin necesidad de registrarse.
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COMUNICANDO LA EMERGENCIA
Por Fabio Montero, secretario de extensión del ISET nº 18 y periodista
Este año nuestro país y en particular la ciudad de Rosario ha sufrido dos situaciones de emergencia sanitaria, una fue el brote de Dengue y la otra la pandemia de gripe A. Ambas crisis plantean sin lugar a dudas situaciones nuevas en una comunidad que no estaba preparada para enfrentarla.
Debido a que nuestra región no es zona de catástrofes naturales, los servicios sanitarios, de defensa civil, rescatistas, etc no han recibido suficiente entrenamiento ni recursos necesarios para el desempeño en situaciones de riesgo, a estos grupos hay que sumarles los medios de comunicación cuyos periodistas no hemos sido formados en una comunicación social preventiva que nos permita comunicar el desastre. Una prueba de esto, es la dispersión y contradicción de noticias que van surgiendo cada vez que asistimos a una situación de riesgo social como es la actual crisis de gripe A
Hoy, los medios de comunicación son un sujeto activo en la sociedad a tal punto que la mayoría de las personas se informan a partir de los mensajes emitidos por éstos.
En este contexto, todo plan de acción frente a determinadas contingencias debería contar con la presencia activa de los medios de comunicación, no para informar “desde la puerta” lo que sucede en los gabinetes de crisis sino integrando, desde su especificidad, la mesa de discusión y diseño de las políticas de asistencia.
El aislamiento social ha provocado una desestructuración de las relaciones humanas donde los hábitos, los modos de convivencia familiar y comunitaria, los lugares de encuentro y hasta los afectos se han visto trastocados. Esta situación conlleva a la ruptura de la cotidianeidad, entendida, como sostiene Ana Quiroga, como la forma de desenvolvimiento que adquiere día tras días nuestra historia individual y social, integrada por reiteración de acciones vitales en una distribución diaria de tiempo.
Esta desestructuración, provoca en los individuos una profunda situación de amenaza, que se manifiesta generalmente, a través de acciones de aislamiento, falta de cooperación y egoísmo, llegando, en fases superiores, a situaciones de agresión y violencia.
Otro efecto social del aislamiento es el resentimiento del sistema productivo de la región que, sumado a la crisis global, provoca el temor a las suspensiones o a la pérdida de la fuente laboral que genera en la población más situaciones de ansiedad y angustia.
En este contexto, los medios de comunicación deben desarrollar su tarea apuntando principalmente a bajar las ansiedades de la comunidad tratando de orientar su comportamiento hacia la resolución de los problemas.
Generalmente los comunicadores no estamos preparados para la tarea que se necesita desarrollar en situaciones de emergencia y en muchas oportunidades actuamos como “saboteadores involuntarios” de la resolución de las ansiedades de la población.
La urgencia por la primicia, la necesidad por “sacar alguien al aire”, etc. hace que la mayoría de las veces la información no haya sido debidamente chequeada, generando situaciones que agregan mayor nivel de amenaza en la comunidad. Las notas a los “especialistas”, algunos de ellos con escaso nivel profesional, se multiplican y al no existir un criterio unificado frente a la emergencia, principalmente la gripe A de la que poco se sabe, las líneas de información que recibe el consumidor se diversifican tantas veces como noticias aparezcan. Señala Gloria Bratschi, integrante de la facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Cuyo: “Desde el punto de vista comunicacional, los medios, como integrantes de los productos culturales de la comunidad, deben acompañar a la sociedad en sus problemas, su labor es la de esclarecer, orientar, informar correctamente y no producir más desorden social del ya existente”.
No es parte de la libertad de expresión dar a conocer cifras y porcentajes de infectados y muertos, ni es ocultamiento no decirlo, sino que debe formar parte de una estrategia comunicativa donde lo principal es saber medir el momento más oportuno para divulgar esos datos y de esta manera evitar tanto la impresición de la información como la magnificación o minimización del desastre.
Marcia Izaguirre, periodista hondureña especialista en coberturas de situaciones de emergencia, sostiene que “el periodista debe estar conectado con las fuentes oficiales que son las encargadas de manejar datos fidedignos sobre los hechos, a fin de evitar la especulación y las falsas noticias que pueden provocar más incertidumbre. Asimismo, dijo que el deber de los periodistas es darle voz a las víctimas de los desastres por que la noticia no se crea, solo se cubre”. En este sentido, habrá que estar atentos a que esos datos no estén impregnados de especulaciones políticas, económicas, etc. Otro de los aspectos que se instala en las crisis es la generación del rumor, más grave aún, cuando se alimenta desde los medios de comunicación, éste se genera en un hecho real pero distorsionado que agrega una importante carga de ansiedad en la sociedad que puede conducir a una disminución de la capacidad de discriminación. El rumor aparece en situaciones de riesgo y lo realimenta, por tal motivo se trata de un punto de urgencia sobre el que deben operar los comunicadores sociales para no quedar prisioneros del mismo.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que los periodistas forman parte de la comunidad afectada y en muchas oportunidades suelen ser ellos mismos, compañeros de trabajo o sus familiares los que se encuentren en situación de riesgo, generando en el comunicador mayor carga de ansiedad y estrés que lo someten a un análisis de la realidad impregnada de una importante respuesta emocional.
El periodista es parte de la solución, en cuanto a través de sus mensajes trata de bajar las ansiedades de la población, y parte del problema en tanto víctima de la emergencia. En este sentido, debería recibir la asistencia de profesionales de la salud en tanto experimente diversos grados de perturbación de la conducta en ejercicio de su profesión, en este aspecto la presión traumática sobre el periodista no es distinta a la que recibe por ejemplo, el personal de rescate.
Las últimas investigaciones en relación a los efectos psicológicos que acarrea una situación de desastre, considera al personal de rescate, en el que podríamos incluir a los periodistas, como integrantes de los equipos de primera respuesta que llegaron a ser llamados, además, las víctimas ocultas de los desastres. En este contexto, señala Taylor y Frazer, estos sujetos pueden presentar síntomas propios de estrés agudo o postraumático y aún mucho tiempo después de acontecido el hecho pueden estar expuestos a recuerdos repetitivos del evento, ansiedad y altos niveles de tensión que afectan los mecanismos de defensa del organismo y cusan problemas orgánicos posteriores.
El saqueo cultural de América Latina
Fernando Báez
Profundo y concienzudo estudio sobre la historia del saqueo cultural que signó a nuestro continente americano durante los siglos de conquista y colonización europea.
“Barbaridades que la presente edad ha rechazado como fabulosas, porque parecen superiores a la perversidad humana; y jamás serían creídas por los críticos modernos, si constantes y repetidos documentos no testificasen estas infaustas verdades”
Simón Bolívar, Carta de Jamaica, 1815
Desde hace quinientos años, América Latina ha sido sometida al pillaje más despiadado de la historia: sus veintidós millones de kilómetros cuadrados han sufrido el expolio y destrucción de la mayor parte de sus recursos. Por turnos, se han llevado y se siguen llevando el oro, la plata, el cobre, el carbón, el aluminio, el hierro, el gas y el petróleo. En el Códice Florentino, a propósito dela devastación de la capital azteca de Tenochtitlán a manos de Hernán Cortés, se comentaba sobre los españoles del siglo XVI: “como unos puercos hambrientos ansían el oro”... Para leer el texto entero, entrar aquí.
Paro de actividades por la gripe?
En medio de tantas enfermedades, pandemias, crisis sanitarias y encierros le acercamos un virus, para que se contagie de las ganas de leer a nuestros escritores.
En la biblioteca, lo tenemos y está a su disposición...
Lucas, sus amigos
Por Julio Cortázar
(Del libro Un tal Lucas)
La mesa es grande y variada, pero vaya a saber por qué ahora se le ocurre pensar especialmente en los Cedrón, y pensar en los Cedrón significa una tal cantidad de cosas que no sabe por dónde empezar. La única ventaja para Lucas es que no conoce a todos los Cedrón sino solamente a tres, pero anda a saber si al final es una ventaja. Tiene entendido que los hermanos se cifran en la modesta suma de seis o nueve, en todo caso él conoce a tres y agarrate Catalina que vamos a galopar.
Estos tres Cedrón consisten en el músico Tata (que en la partida de nacimiento se llama Juan, y de paso qué absurdo que estos documentos se llamen partida cuando son todo lo contrario), Jorge el cineasta y Alberto el pintor. Tratarlos por separado ya es cosa seria, pero cuando les da por juntarse y te invitan a comer empanadas entonces son propiamente la muerte en tres tomos.
Qué te cuento de la llegada, desde la calle se oye una especie de fragor en uno de los pisos altos. y si te cruzás con alguno de los vecinos parisienses les ves en la cara esa palidez cadavérica de quienes asisten a un fenómeno que sobrepasa todos los parámetros de esa gente estricta y amortiguada. Ninguna necesidad de averiguar en qué piso están los Cedrón porque el ruido te guía por las escaleras hasta una de las puertas que parece menos puerta ue las otras y además de la impresión de estar calentada al rojo por lo que pasa adentro, al punto que no conviene llamar muy seguido porque se te carbonizan los nudillos. Claro que en general la puerta está entornada ya que los Cedrón entran y salen todo el tiempo y además para qué se va a cerrar una puerta cuando permite una ventilación tan buena con la escalera.
Lo que pasa al entrar vuelve imposible toda descripción coherente, porque apenas se franquea el umbral hay una nena que te sujeta por las rodillas y te llena la gabardina de saliva, y al mismo tiempo un pibe que estaba subido a la biblioteca del zaguán se te tira al pescuezo como un kamikaze, de modo que si tuviste la peregrina idea de allegarte con una botella de tintacho, el instantáneo resultado es un vistoso charco en la alfombra. Esto naturalmente no preocupa a nadie, porque en ese mismo momento aparecen desde diferentes habitaciones las mujeres de los Cedrón, y mientras una de ellas te desenreda los nenes de encima las otras absorben el malogrado borgoña con unos trapos que datan probablemente del tiempo de las cruzadas. Ya a todo esto Jorge te ha contado en detalle dos o tres novelas que tiene la intención de llevar a la pantalla, Alberto contiene a otros dos chicos armados de arco y flechas y lo que es peor dotados de singular puntería, y el Tata viene de la cocina con un delantal que conoció el blanco en sus orígenes y que lo envuelve majestuosamente de los sobacos para abajo, dándole una sorprendente semejanza con Marco Antonio o cualquiera de los tipos que vegetan en el Louvre o trabajan de estatuas en los parques. La gran noticia proclamada simultáneamente por diez o doce voces es que hay empanadas, en cuya confección intervienen la mujer de] Tata y el Tata himself, pero cuya receta ha sido considerablemente mejorada por Alberto, quien opina que dejarlos al Tata y a su mujer solos en la cocina sólo puede conducir a la peor de las catástrofes. En cuanto a Jorge, que no por nada rehusa quedarse atrás en lo que venga, ya ha producido generosas cantidades de vino y todo el mundo, una vez resueltos estos preliminares tumultuosos, se instala en la cama, en el suelo o donde no haya un nene llorando o haciendo pis que viene a ser lo mismo desde alturas diferentes.
Una noche con los Cedrón y sus abnegadas señoras (pongo lo de abnegadas porque si yo fuera mujer y además mujer de uno de los Cedrón, hace rato que el cuchillo del pan habría puesto voluntario remate a mis sufrimientos, pero ellas no solamente no sufren sino que son todavía peores que los Cedrón, cosa que me regocija porque es bueno que alguien les remache el clavo de cuando en cuando, y ellas creo que se lo remachan todo el tiempo), una noche con los Cedrón es una especie de resumen sudamericano que explica y justifica la estupefacta admiración con que los europeos asisten a su música, a su literatura, a su pintura y a su cine o teatro. Ahora que pienso en esto me acuerdo de algo que me contaron los Quilapayún, que son unos cronopios tan enloquecidos como los Cedrón pero todos músicos, lo que no se sabe si es mejor o peor. Durante una gira por Alemania (la del Este pero creo que da igual a los efectos del caso) los Quilas decidieron hacer un asado al aire libre y a la chilena, pero para sorpresa general descubrieron que en ese país no se puede armar un picnic en el bosque sin permiso de las autoridades. El permiso no fue difícil, hay que reconocerlo, y tan en serio se lo tomaron en la policía que a la hora de encender la fogata y disponer los animalitos en sus respectivos asadores, apareció un camión del cuerpo de bomberos, el cual cuerpo se diseminó en las adyacencias del bosque y se pasó cinco horas cuidando de que el fuego no fuera a propagarse a los venerables abetos wagnerianos y otros vegetales que abundan en los bosques teutónicos. Si mi memoria es fiel, varios de esos bomberos terminamos morfando como corresponde al prestigio del gremio, y ese día hubo una confraternización poco frecuente entre uniformados y civiles. Es cierto que el uniforme de los bomberos es el menos hijo de puta de todos los uniformes, y que el día en que con ayuda de millones de Quilapayún y de Cedrones mandemos a la basura todos los uniformes sudamericanos, sólo se salvarán los de los bomberos e incluso les inventaremos modelos más vistosos para que los muchachos estén contentos mientras sofocan incendios o salvan a pobres chicas ultrajadas que han decidido tirarse al río por falta de mejor cosa.
A todo esto las empanadas disminuyen con una velocidad digna de quienes se miran con odio feroz porque éste siete y el otro solamente cinco y en una de esas se acaba el ir y venir de fuentes y algún desgraciado propone un café como si eso fuera un alimento. Los que parecen siempre menos interesados son los nenes, cuyo número seguirá siendo un enigma para Lucas pues apenas uno desaparece detrás de una cama o en el pasillo, otros dos irrumpen de un armario o resbalan por el tronco de un gomero hasta caer sentados en plena fuente de empanadas. Estos infantes fingen cierto desprecio por tan noble producto argentino, so pretexto de que sus respectivas madres ya los han nutrido precavidamente media hora antes, pero a juzgar por la forma en que desaparecen las empanadas hay que convencerse de que son un elemento importante en el metabolismo infantil, y que si Herodes estuviera ahí esa noche otro gallo nos cantara y Lucas en vez de doce empanadas hubiera podido comerse diecisiete, eso sí con los intervalos necesarios para mandarse a bodega un par de litros de vino que como se sabe asienta la proteína.
Por encima, por debajo y entre las empanadas cunde un clamor de declaraciones, preguntas, protestas, carcajadas y muestras generales de alegría y cariño, que crean una atmósfera frente a la cual un consejo de guerra de los tehuelches o de los mapuches parecería el velorio de un profesor de derecho de la avenida Quintana. De cuando en cuando se oyen golpes en el techo, en el piso y en las dos paredes medianeras, y casi siempre es el Tata (locatario del departamento) quien informa que se trata solamente de los vecinos, razón por la cual no hay que preocuparse en absoluto. Que ya sea la una de la mañana no constituye un índice agravante ni mucho menos, como tampoco que a las dos y media bajemos de a cuatro la escalera cantando que te abrás en las paradas /con cafishos milongueros. Ya ha habido tiempo suficiente para resolver la mayoría de los problemas del planeta, nos hemos puesto de acuerdo para jorobar a más de cuatro que se lo merecen y cómo, las libretitas se han llenado de teléfonos y direcciones y citas en cafés y otros departamentos, y mañana los Cedrón se van a dispersar porque Alberto se vuelve a Roma, el Tata sale con su cuarteto para cantar en Poitiers, y Jorge raja vaya a saber adónde pero siempre con el fotómetro en la mano y andá atajalo. No es inútil agregar que Lucas regresa a su casa con la sensación de que arriba de los hombros tiene una especie de zapallo lleno de moscardones, Boeings 707 y varios solos superpuestos de Max Roach. Pero qué le importa la resaca si abajo hay algo calentito que deben ser las empanadas, y entre abajo y arriba hay otra cosa todavía más calentita, un corazón que repite qué jodidos, qué jodidos, qué grandes jodidos, qué irreemplazables jodidos, puta que los parió.
Poder económico e historias recientes.
PREGUNTITAS SOBRE NUMEROS
Por Carlos del Frade
La facturación de las mil empresas que más venden representa casi el 80 por ciento del producto bruto interno de la Argentina. En buen romance esto quiere decir que un millar de personas facturan ocho de cada diez pesos que producen casi cuarenta millones de argentinos. Una fenomenal concentración de riquezas en pocas manos. Matriz invicta de los años noventa. En la provincia de Santa Fe, por ejemplo, las veintiséis firmas dentro de las primeras cien que desarrollan sus actividades en el territorio, facturan 178.383 millones de pesos, dos veces y medio el producto geográfico. Es decir que veintiséis personas triplican en ventas lo que producen en un año más de tres millones de santafesinos.
Los datos provienen del último número de la revista “Mercado”, el número 1095, de junio de 2009 y están basados en los balances de las propias empresas del año 2008. Por detrás de estas cifras hay historias que merecen ser tenidas en cuenta para pensar un país distinto de cara a los doscientos años del sueño colectivo inconcluso parido en mayo de 1810. ¿Cuándo se producirá la famosa y cacareada distribución de riquezas?. ¿Cómo ejercen la soberanía política los gobiernos municipales, provinciales y nacional ante estas empresas?. Preguntitas sobre números obscenos. El poder económico y las historias recientes. De esto habla la siguiente nota.
La susceptibilidad de Cargill
En junio de este año, el gobierno de Hermes Binner notificó a Cargill una deuda de 570.000 pesos y no descartó embargos. La Subsecretaria de Ingresos Públicos de Santa Fe, Teresa Beren, estuvo en la planta de la multinacional en Puerto General San Martín para notificar la deuda en concepto del inmobiliario por tener 140 mil metros cuadrados en construcciones sin declarar. Fue en relación al denominado “operativo puertos”, que persigue el objetivo de detectar aquellas empresas evasoras de impuestos provinciales, el gobierno hizo un relevamiento que arrojó la existencia de 800.000 metros cuadrados sin declarar en todo el complejo del Gran Rosario.
La información incluía un análisis de la funcionaria que decía que “la empresa pagaba por año 13 mil pesos en concepto de impuestos inmobiliarios, y había muchos metros que no estaban declarados ante la provincia. Le hemos informado a la Aduana y a la AFIP, que estaban incorrectamente inscriptas en las 24 provincias argentinas, porque se declaraban exentas frente a estas provincias en los regímenes de retención y percepción”.
El 9 de julio pasado, a través de una solicitada en los principales medios de comunicación del país, Cargill denunció el "incesante y discriminatorio show mediático" que la involucra a raíz del embargo trabado por el fisco provincial en reclamo de aquella deuda de 570 mil pesos en concepto de impuesto inmobiliario. La multinacional se quejaba de "la reiteración de comentarios oficiales sobre supuestos millonarios incumplimientos" en el pago de impuestos. "Sorprende que una regular inspección impositiva por parte de la API, se haya convertido en un incesante y discriminatorio show mediático", apunta Cargill en la solicitada, y agrega: "Peor que ello es que se reclaman por el impuesto inmobiliario montos que no corresponden o que ya fueron pagados antes de las inspecciones y embargos sufridos". El gigante estadounidense asegura, después de repasar sus inversiones y lo que paga de impuestos en Santa Fe, que "se confunde a la opinión pública al decirse que ya se abonaron esos montos, cuando en realidad la empresa sufrió intempestivos e innecesarios embargos". En ese sentido, explicó que "afrontarlos para poder seguir operando no es consentir lo reclamado".
Uno de los que salió a respaldar a la empresa fue el intendente de Puerto General San Martín, Carlos De Grandis, al decir que la multinacional había informado sobre la ampliación de obras.
De Grandis debería explicar, además, por qué dejó que Cargill corriera la cruz que recuerda la epopeya de la batalla de Punta Quebracho, el 4 de junio de 1846, donde decenas y decenas de familias gauchas enfrentaron a una flota inglesa a punta de lanzas y piedras. Aquel símbolo forma parte de un monumento histórico nacional que no fue respetado en lo más mínimo por la cerealera ubicada en esa cintura cósmica que dibuja el río Paraná en tierras de Puerto San Martín.
Pero más allá de las solicitadas y las complicidades, los números del último balance conocido de Cargill ubican sus ventas durante el año 2008 en el monto de 19.700 millones de pesos anuales, casi 55 millones de pesos diarios, más de dos millones por hora y 38 mil pesos cada sesenta segundos. Cargill es la firma número cuatro en el ránking de las mil empresas que más venden en la Argentina.
¿Qué hará ahora el gobierno de Hermes Binner? ¿Insistirá o resignará su iniciativa?
Molinos
La ciudad de San Lorenzo parece hoy el patio trasero de las monumentales obras que levantó Molinos Río de la Plata. La empresa, varias veces denunciada por contaminación ambiental por vecinos de varios barrios de la ciudad histórica, sigue creciendo en tamaño y facturación.
De acuerdo su privilegiado puesto 14 entre las mil que más venden, Molinos llegó a facturar más de ocho mil millones de pesos durante el año 2008. A razón de 15.447 pesos cada sesenta segundos.
Por ahora los concejales de San Lorenzo no dieron permiso para la ampliación que pretende la cerealera ante la decidida posición asumida por los vecinos. Pero después de los resultados electorales de junio es probable que la firma siga ensanchando su territorio en detrimento de la calidad de vida de los lugareños y respaldada por semejante volumen de ventas.
Minera Alumbrera
La Minera Bajo Alumbrera exporta su producción por los muelles de Terminal 6, también en Puerto General San Martín. Nadie sabe lo que se lleva. Y nada queda en la ciudad del sur santafesino como tampoco en las aduanas regionales. Lo que si se sabe es lo que factura.
Ubicada en el puesto 25 entre las mil empresas que más venden en la Argentina, la minera vendió por 5.750 millones de pesos durante 2008. La nada despreciable suma de 11.034 pesos cada sesenta segundos. De allí que sea necesario recordar la dimensión del saqueo: “Mientras las petroleras disponen del 70% de las divisas provenientes de la exportación, las mineras pueden dejar afuera el 100% de ellas. Los decretos del P.E.N. Nº 417/03 -firmado por E. Duhalde- y 753/04 -con la firma de Néstor Kirchner, Alberto Fernández y Roberto Lavagna- así lo establecen. Un ingeniero de Minera Alumbrera declaraba en un programa de televisión: 'El 100 por 100 del producido, que son 700.000 toneladas al año, 104 toneladas por hora, se exportan desde puerto propio en la localidad Puerto Gral. San Martín, al norte de Rosario. Es decir, la totalidad de la producción de 700.000 toneladas de cobre y oro son exportadas a mercados externos, Brasil, EEUU, Europa y Oceanía'. De lo que no se habla es del valor de esta riqueza: ¿cuánto representa a valores de hoy? La S.M.N. estima que Minera Alumbrera 'espera producir 195.000 tn. de cobre y 700.000 onzas de oro durante el 2003...'. Si tomáramos estas cifras e hiciéramos un estimado a la cotización de la Bolsa de Londres de hoy -18/4/07- las 195.000 toneladas de cobre a U$S 7.830 la tn. darían U$S 1.526.850.000 y las 700.000 onzas de oro a U$S 788,50, serían U$S 481.950.000. Es decir: un total de más de 2.000 millones de dólares anuales, sin contar las decenas de otros metales que acompañan el oro y el cobre y por los que no declaran ni pagan”. (Fragmento del artículo “El despojo de los metales argentinos”, por Fernando 'Pino' Solanas (MORENO), publicado en ARGENPRESS 27 de julio de 2007).
General Motors
La empresa radicada en General Alvear facturó por 5.230 millones de pesos durante 2008. Se ubicó en el puesto 28 entre las mil que más venden en el país. Es decir que facturó a razón de más de diez mil pesos cada sesenta segundos. ¿Por qué, entonces, recibió el auxilio del estado nacional con fondos de la ANSES?.
En junio de este año, la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, viene a anunciar un crédito directo con fondos de la ANSES de entre doscientos y trescientos millones de pesos para complementar los 500 millones que la multinacional de origen norteamericano necesita para desarrollar su nuevo modelo de auto, el BIBA, aunque todavía no tiene marca comercial. Esa misma semana el estado norteamericano anunció la nacionalización de la empresa. De tal forma se llegó al ridículo que trabajadores y jubilados argentinos están subsidiando al tesoro del imperio.¿Le hace falta el dinero de los trabajadores y jubilados argentinos al estado norteamericano y a la mismísima planta de General Alvear que facturó más de diez mil pesos por minuto?
El argumento fue que se garantizaban las fuentes laborales. Algo extraño porque a principios de año el propio Ministerio de Trabajo de la Nación junto al gremio SMATA y la dirección de la empresa habían firmado un compromiso de paz social de más de un año que garantizaba el no despido de empleados.
Vicentín
La empresa está radicada no solamente en el sur santafesino sino en el corazón del castigado departamento General Obligado, techo de la provincia. En aquella región donde todavía son visibles las huellas de La Forestal, Vicentín facturó por 4.900 millones de pesos anuales. Nada menos que casi nueve mil quinientos pesos por minuto.
Semejante cifra de ventas la ubicó en el puesto 29 entre las mil que más facturan en la Argentina.
Cada año, Vicentín genera algún tipo de conflicto que deja trabajadores en la calle en la zona de Reconquista, ciudad cabecera del departamento General Obligado.
Es la otra parte, la cara menos visible de semejante volumen de dinero.
A finales de los años noventa un informe del Servicio de Paz y Justicia del Arzobispado de Reconquista sostenía: “Los padres de familia sin trabajo, viven angustiados. Se comprobó en ellos un estado de nerviosismo y poco aprecio por si mismos, creando más a menudo situaciones de violencia en sus familias. Los jóvenes no encuentran salida laboral, no pueden estudiar; muchos de ellos a más temprana edad, se dedican con frecuencia al robo, producto de la desesperanza en que se encuentran sus familias. Los adolescentes se prostituyen, los niños van a la escuela con dificultades de aprendizaje debido a la falta de alimentación adecuada y la carencia de apoyo en las tareas escolares por parte de sus familias, dado que muchos de sus padres no completaron el ciclo básico primario.
En los últimos años se ha producido un gran porcentaje de migración a las ciudades en busca de una mejor calidad de vida, se comprobó que muchas familias construyeron sus viviendas precarias en calles públicas y/o terrenos baldíos municipales, agravando aún más el problema de la vivienda”, indicaba aquel documento.
Vicentín, mientras tanto, crece en volumen de ventas y, en forma paralela, no produce ningún tipo de desarrollo que responda a la famosa responsabilidad social del empresariado.
Acindar
La historia de Villa Constitución es también la historia de Acindar.
La empresa fundada por Arturo Acevedo a finales de los años cuarenta en la ciudad de Rosario terminó siendo un verdadero poder económico, político, social y cultural más allá de la ciudad del departamento Constitución.
En la segunda mitad de este año, los dirigentes de la Unión Obrera Metalúrgica están preocupados por la serie de conflictos laborales y salariales que tienen como primer escenario las llamadas empresas tercerizadas que dependen de la acería.
Los últimos accidentes laborales mortales dan cuenta del nivel de precarización laboral que existe en la planta.
Pero más allá de estos apuntes de la historia reciente, hoy Acindar depende del grupo Arcelor Mittal, de Brasil, que posee el ciento por ciento de su capital. En 2008 llegó a exportar por 139 millones de dólares.
De acuerdo a los números que publica la revista “Mercado”, Acindar facturó por 3.935 millones de pesos.
Más de 7.500 pesos cada sesenta segundos.
Un fenomenal poder económico que, sin embargo, no hace muchos esfuerzos por cuidar la vida de sus trabajadores.
Coherencia con los postulados desarrollados durante la gerencia que desarrolló José Alfredo Martínez de Hoz entre 1973 y 1976, cuando pagó hasta doscientos dólares a cada uno de los cuatro mil efectivos de la policía federal y otras fuerzas que coparon la ciudad obrera el 20 de marzo de 1975. Aquellos que convirtieron el albergue de solteros de Acindar en el primer centro clandestino de detención de personas en el país. Un año después, Martínez de Hoz era designado ministro de Economía de la dictadura más sangrienta de la historia argentina.
Sancor
Los pequeños productores lecheros reciben 75 centavos por litro de leche.
Algo que no tiene nada que ver con el nivel de facturación de las principales empresas del sector.
El 17 de setiembre de 1938 se constituyó la cooperativa Sancor, en la localidad de Sunchales, departamento Castellanos, casi en el límite con la provincia de Córdoba. Dos años después comenzó a funcionar la primera industria. Cuenta la historia oficial de la empresa que “había por entonces ya una buena cantidad de cooperativas tamberas, diseminadas en una vasta región que comprendía varias provincias. Los resultados satisfactorios de SanCor indujeron a muchas de ellas a sumarse al grupo fundador, mientras que también surgían otras más, respondiendo a la decisión de tamberos deseosos de incorporarse a la nueva "cooperativa de cooperativas". Así, en pocos años, SanCor alcanzó un rápido desarrollo y se expandió por toda la actualmente llamada cuenca lechera central argentina. A la primitiva elaboración de manteca, fundamento de prestigio nacional e internacional, siguieron incorporándose otras actividades industriales, que consolidaron a la empresa de los productores de leche y le confirieron el liderazgo de la lechería del país. Contribuyó también a ello la fluida interacción entre las actividades industriales y la producción primaria, que permitió a los tambos y cooperativas asociadas acompañar con crecimientos cuantitativos y cualitativos la evolución de la empresa común”.
Sesenta años después los resultados de aquella original cooperativa la definen hoy como una empresa formadora de precios y reguladora del mercado lácteo. Sancor está ubicada en el puesto 70 entre las principales mil que más venden en el país, facturó por valor de 2.104 millones de pesos durante 2008. Más de cuatro mil pesos por minuto. Una cifra que no guarda relación con lo que ganan los tamberos ni tampoco con lo que reciben los trabajadores de la industria.
Monsanto
El glifosato sigue impune no solamente en la provincia de Santa Fe sino en todo el país.
La multinacional facturó el año pasado por valor de 1.800 millones de pesos, ubicándose en el puesto 87 entre las primeras mil empresas que más venden en la Argentina.
Es decir casi tres mil quinientos pesos cada sesenta segundos.
A Monsanto parece no importarle la realidad de los chicos banderas de Las Petacas, en el departamento San Martín, centro oeste de la provincia.
Las Petacas se llama el exacto escenario de la zona del centro oeste del segundo estado argentino donde los pibes son usados como señales para fumigar.
Chicos que serán rociados con pesticidas mientras trabajan como postes, como banderas humanas y que luego serán reemplazados por otros nadies.
Primero se comienza a fumigar en las esquinas, lo que se llama esquinero.
Después, hay que contar 24 pasos hacia un costado desde el último lugar donde pasó el mosquito, desde el punto del medio de la máquina y pararse allí, dice uno de los pibes entre los catorce y dieciséis años de edad. El mosquito es una máquina que vuela bajo y riega una nube de plaguicida.
Para que el conductor sepa dónde tiene que fumigar, los productores agropecuarios de la zona encontraron una solución económica: chicos de menos de 16 años, se paran con una bandera en el sitio a fumigar. Los rocían con Randap, a veces 2-4 D. Tiran insecticidas y mata yuyos. Tienen un olor fuertísimo. A veces también ayudamos a cargar el tanque. Cuando hay viento en contra nos da la nube y nos moja toda la cara, describe el niño señal, el pibe que será contaminado, el número que apenas alguien tendrá en cuenta para un módico presupuesto de inversiones en el norte santafesino.
"No hay protección de ningún tipo. Y cuando señalan el campo para que pase el mosquito cobran entre veinte y veinticinco centavos la hectárea y cincuenta centavos cuando el plaguicida se esparce desde un tractor que va más lerdo", dice uno de los chicos. "Con el mosquito hacen 100 o 150 hectáreas por día. Se trabaja con dos banderilleros, uno para la ida y otro para la vuelta. Trabajamos desde que sale el sol hasta la nochecita. A veces nos dan de comer ahí y otras nos traen a casa, depende del productor", agregan los entrevistados.
Uno de los chicos dice que sabe que esos líquidos le puede hacer mal: "Que tengamos cáncer, ejemplifica. Hace tres o cuatro años que trabajamos en esto. En los tiempos de calor hay que aguantárselo al rayo del sol y encima el olor de ese líquido te revienta la cabeza. A veces me agarra dolor de cabeza en el medio del campo. Yo siempre llevo remera con cuello alto para taparme la cara y la cabeza", dicen las voces de los pibes envenenados.
"Nos buscan dos productores. Cada uno tiene su gente, pero algunos no porque usan banderillero satelital. Hacemos un descanso al mediodía y caminamos 200 hectáreas por día. No nos cansamos mucho porque estamos acostumbrados. A mí me dolía la cabeza y temblaba todo. Fui al médico y me dijo que era por el trabajo que hacía, que estaba enfermo por eso", remarcan los niños.
El padre de los pibes ya no puede acompañar a sus hijos. "No soporta más las hinchazones del estómago", contó. No tenemos otra opción. Necesitamos hacer cualquier trabajo, dice el papá cuando intenta explicar por qué sus hijos se exponen a semejante asesinato en etapas. La Agrupación de Vecinos Autoconvocados de Las Petacas y la Fundación para la Defensa del Ambiente (Funam) habían emplazado al presidente comunal Miguel Ángel Battistelli para que elabore un programa de erradicación de actividades contaminantes relacionadas con las explotaciones agropecuarias y el uso de agroquímicos. No hubo avances. Monsanto sigue vendiendo el glifosato y facturando miles de pesos por minuto.
¿Querés matar al Pocho Lepratti?
Por Osvaldo Bazán
Cuando cada santafesino vaya a votar en junio, recibirá un sobre, un arma y siete balas. Con ellos podrá volver a matar a siete muertos.
Graciela Acosta tenía 35 años, 7 hijos, un abismo de pobreza rodeándola en aquél diciembre de 2001 y la dignidad de ser militante de un movimiento social. Su pecho recibió una bala 9 mms. mientras buscaba desesperada a algunos de sus hijos, a 150 metros del supermercado La Gallega de Villa Gobernador Gálvez. La provincia de Santa Fe, a través de su policía, la mató y desmembró a su familia. Testigos y pericias confirman que el tiro que mató a Graciela fue hecho por el agente Luis Quiroz, condenado a once años de prisión.
Rubén Pereyra tenía 20 años y dos amores: su mujer, María y su hija Aldana. Lo que no tenía era plata. Cirujeaba cartones y vidrios. En aquél diciembre fue con otros a la autopista, se decía que venían camiones con comida. Pudo llevar a su casa un pedazo de carne y el lujo de los pañales. Lo mató la policía provincial cruzando un puentecito, llevando al hombro un cajón con comida según los testigos. Según el informe oficial no murió allí, sino a tres cuadras. Y a las balas reales, el informe policial agrega heridas de armas blancas que ningún testigo avala. El juez Osvaldo Barbero dictó falta de mérito y sobreseimiento de los ocho policías procesados.
Juan Delgado era albañil y esperaba el reparto de comida que habían prometido en el supermercado de Necochea y Pasco, en Rosario, en aquél diciembre. Fue una emboscada. En vez de comida apareció la policía disparando hacia todos lados. Juan cayó y la policía provincial se le vino encima. Lo remataron en el piso con una Itaka. Le sacaron seis perdigones del cuerpo y balas de goma. El juez Barbero resolvió el sobreseimiento de los 17 policías involucrados. Juan dejó huérfanos de padre a dos nenas, de 4 y 3 años y a un nene de uno.
Yanina García escuchó los disparos y fue corriendo a la puerta de su casa a buscar a su nena, Romina, de dos años. Romi estaba aterrada, decenas de policías tiraban a la gente y todos corrían y todos gritaban y Yanina recibió un tiro que le perforó el lóbulo inferior del pulmón izquierdo. Tenía 18 años. El juez Barbero reconoció que la mató una bala de la policía de la provincia de Santa Fe, pero no individualizó al autor y se dictó el sobreseimiento de los once policías indagados.
Ricardo Villalba estaba en Cabassa al 1700 en aquél diciembre, frente a un mercadito que no pudo resistir el saqueo del hambre. Ricardo tenía 16 años. Desde la vereda de enfrente le dispararon a la cabeza. Su cráneo estalló. No hay imputados en esta causa pese a que la comisión investigadora no gubernamental asegura que es evidente que fue uno de tres policías de la seccional 10° de la unidad regional 2.
Walter Campos tenía 15 años, tenía hambre y estaba en la cola de un reparto de comida, en Olivé y Cabal, en Rosario, en aquél diciembre. Lo corrió y lo mató Ángel Omar Iglesias, experto tirador de las Tropas de Operaciones Especiales, tropas de elite enviadas por la provincia a un simple reparto de comida. Le reventó el hipotálamo. El propio Iglesias lo contó, tal cual lo vio desde su mira telescópica. Iglesias fue sobreseido por el juzgado de instrucción y la Corte Suprema de Justicia de la provincia confirmó el sobreseimiento.
El último de los siete es el Pocho Lepratti, ángel militante que ayudaba en la cocina de la escuela del barrio Los Flores, que subió al techo para exigirle a los policías de la provincia que no dispararan, que ahí sólo había pibes comiendo (como recuerda Gieco en su canción). Lo mató el agente Esteban Velázquez quien cuando fue increpado por los vecinos respondió: “Y bueno, nena, ¿para qué insultaba?”. Está condenado a 14 años de prisión.
Carlos Reutemann era el gobernador santafesino en aquel diciembre de 2001 y dice, en las raras ocasiones en que dice, dice “yo no fui”. “Yo no di la orden”.
No dice –como bien recordó David Narciso en la edición santafesina de este diario– que instaló la represión con balas a la protesta social. Que le dio poder de fuego contra los santafesinos a su secretario de Seguridad provincial, el agente de la side Enrique Álvarez.
El Juez Rubén Saurín, acusado de colgarse de los cables de la luz, decidió no reabrir la investigación sobre las responsabilidades políticas por los asesinatos de Graciela, Walter, Juan, Ricardo, Yanina, Rubén y el Pocho.
Según dijo el abogado Julio Pilo a Radio 2, Reutemann armó una Corte Suprema de Justicia provincial “con su primo Rafael Gutiérrez, su abogado personal Eduardo Spuler y su ex espada legislativa María Angélica Gastaldi” y “el 90 por ciento de los jueces y fiscales que atendieron las denuncias por la inundación de Santa Fe, por supuesto enriquecimiento ilícito o por olvidar su declaración jurada de bienes, ascendieron y sus abogados defensores hoy son jueces”.
Ese señor que no habla, que quiere ser presidente, pasa por las muertes, las inundaciones, las miserias y hace como que no se mancha.
En junio, cuando los santafesinos vayan a votar, tendrán un arma y siete balas. Si votan a Reutemann, serán los únicos responsables de volver a matar a los muertos.
Publicado en Crítica de la Argentina el 14.04.2009
RUBEN NARANJO
La Biblioteca Popular Pocho Lepratti te invita a visitar el sitio web: www.rubennaranjo.com.ar
He hecho referencia muchas veces a mis posturas
...ninguna de estas cosas pueden ser tomadas habitualmente
Darle un sentido a mis preocupaciones.
Puedo decir que es un privilegio haberme dado a mí mismo la oportunidad |
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